Contrato Social.

Toda la vida o por lo menos toda la carrera nos enseñan la teoría del contrato social como un principio fundamental en el que se basa el funcionamiento de la sociedad y en el que se funda la existencia misma del estado, como un principio democrático y con un cierto carácter de ser irrefutable, incuestionable, incontrovertible y evidente… Si no fuera porque se basa en dos grandes mentiras.

¿El hombre lobo del hombre?

La primera de ellas consistente en un supuesto estado caracterizado por una ambición desmedida, la falta de sentido común, de justicia y de humanidad, como un estado de gente salvaje e iletrada que únicamente piensa en fastidiar al vecino. Una sociedad deshumanizada y puramente materialista, carente de cohesión no de sentimiento solidario alguno.

Honestamente creo que dicha afirmación debe ser duramente cuestionada, me resulta difícil creer que haya sido tanto como lo describen y más bien creo que ciertos grupos dominados por una ambición desmedida e insensible fueron los que encontraron la manera de enriquecerse a costa del resto y al defender intereses egoístas provocaron una situación de caos, cuya culpa posteriormente trataron de socializar y se cayó en la generalización de que todos éramos iguales, afirmación harto difícil de sostener.

Y luego nos dicen que el ciudadano libre (que no era una especie muy abundante) aceptó ceder una parte de su libertad (casi toda al final), a cambio de tener mayor seguridad. Esto se debe tomar con pinzas considerando que la gran mayoría de las personas estaba por completo desposeída de tener ni donde caer muerta, por lo que más bien huele a una cierta elite defendiendo sus intereses. Por lo demás esa pobre gente no estaba acostumbrada a tener seguridad alguna, pues vivían en la miseria y apenas podía mantenerse con vida. Fueron las elites quienes en todo caso se vieron forzadas a sacrificar un poco de libertad a cambio de mantener el stato quo.

Por lo anterior debemos entender la fundación del estado como un sistema de protección de intereses patrimoniales y financieros, al servicio de grupos de poder, en todos los órdenes. Como un escudo contra los reclamos de sectores menos favorecidos, por no decir abiertamente explotados.

El contrato social parte de una mentira y promete otra, precisamente la de brindar seguridad, pues en la práctica esto se ha cumplido únicamente para aquellas personas nacidas en buena cuna, y con pocas excepciones cuando no de rebote, alguno que otro ciudadano se ha visto beneficiado, y eso luego de soportar varios años de calvario y muchas veces teniendo que ser un hijo o la esposa los que continúan el proceso hasta el final. No obstante se le llama contrato social a algo que de social no tiene nada.

Por otro lado debemos atender a la definición de contrato, a grandes rasgos es la manifestación de la voluntad de dos o más partes por realizar un negocio que tiene consecuencias jurídicas, y por negocio entendemos un acto jurídico que beneficia a todas las partes involucradas, pero donde obra ese rasgo característico de existir consenso, todos conocen las condiciones y todos están de acuerdo en las responsabilidades y obligaciones que conlleva, además de los beneficios que obtendrá de él.

Todavía bien entrado el siglo XX más de un 80% de la población no sabía ni leer ni escribir, y antes de eso menos. ¿Fueron consultados uno por uno o siquiera en grupos para explicarles los motivos de esto y saber su opinión? O más bien les fue impuesto y realmente muchos al final murieron sin siquiera llegar a entender que había ocurrido.

Si no fue así entonces debemos cuestionar seriamente al estado. Y si fue considerada la opinión de una horda de iletrados también debemos cuestionarlo, pues su origen se encuentra viciado o cuando menos, son circunstancias provocadas por esa misma gente, lo siguen siendo.

Cuestionamos porque tenemos cerebro, ideas y pensamiento propios. Pensar es construir, es tomar un bloque y ponerlo encima de oro, se construye sobre cimientos, se construye para progresar. Se cuestiona porque las razones dadas no tienen buenos cimientos y/o no se ve progreso. Lo inteligente es cuestionar, no quedarse callado, pues la libertad es un ejercicio colectivo, no me puedo considerar libre cuando los demás no lo son, porque entonces mi libertad es opresiva para el resto.

Por otro lado tenemos un sistema jerárquico de justicia, esto tiene el interesante efecto de colocar varias capas burocráticas entre los grupos de poder y el ciudadano común, quien al final terminó aceptando que el otro grupo era intocable, lo que al final redundó solamente en un sentimiento generalizado de resignación y conformismo.

¿Por qué aceptamos este insulto inicial a nuestra dignidad?

El hombre no era ningún salvaje ni tenía esa enfermiza y patológica ambición, al menos no el hombre común, sino ciertos grupos de poder.

¿Por qué seguimos creyendo esa mentira del contrato social?

Lo pregunto ante los evidentes y pobres  resultados.

Aquí la importancia de contar con acceso a la información y de una buena educación, sin importar si era privada o pública. Y sobre todo, la libertad de manifestarlo, hoy bajo ataque.

Si bien es cierto es una teoría que ha ido evolucionando, también lo es que dicha evolución no llegado al punto de cuestionar sus bases, mismas que son aceptadas como un dogma supremo, dándole un carácter cuasi religioso, lo cual es muy negativo porque ningún dogma es irrefutable.

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