Un nuevo dios… Uno adulto.

He llegado a la conclusión de que la humanidad no está lista para abandonar esa aberrante idea de adorar un ser fantástico. Un ser inventado por nosotros y que perseguía objetivos que hace miles de años eran o parecían válidos, y que hace siglos dejaron de serlo.

Este nuevo ser inmaterial debe ser la antítesis del anterior, no una mejora ni un progreso de aquel, sino una sustitución radical y absoluta.

Este dios nuevo no debe hacer promesas basadas en un comportamiento irracional y absurdo, basadas en el miedo a un castigo eterno.

Tampoco amenazar con enfermedad y muerte todo el tiempo.

Debe preocuparse por cosas que afectan a la sociedad y no solamente al individuo, el anterior es un reflejo infantil y pueril de las necesidades más elementales e infantiles del ser humano, es egoísta, tiene una necesidad desesperada de atención, es irresponsable e inmaduro. Es homofobo, xenofobo, anti social, machista.

Sin mencionar que se atribuye habernos dotado de una razón que parece por completo incapaz de comprender aún en las cuestiones más básicas.

El nuevo dios es amante de la ciencia porque sabe que impulsa el progreso.

No tiene problemas con el matrimonio igualitario porque la gusta la paz social y no la guerra.

Permite la adopción de niños sin importar el tipo de pareja, porque no le gusta ver niños en la calle pidiendo dinero y comida.

Este nuevo ser está peleado con la concentración de recursos porque genera crisis y destruye el medio ambiente, y a este sí le importa su creación. Y también porque comprende los efectos corrompedores del dinero y el poder.

A este nuevo dios hombre y mujer le parecen igualmente capaces y le molesta ver uno sobre otro género ya que carece de sentido y es una causa de serias regresiones y problemas, y si algo distingue a este dios del anterior es su comportamiento adulto.

A este dios no le importa tu comportamiento sexual, ya que lo considera parte de tu vida privada e íntima, siempre que no lastimes a otra persona en modo alguno. No tiene exigencias absurdas y sin sentido sobre tus placeres ni sobre muchas cosas sin importancia.

A este dios le gusta la gente con educación, no la gente ignorante ni fanática. Las personas que están en contra del conocimiento pueden disfrutar de sus bondades de todas formas, sin ser estigmatizadas ni señaladas, mucho menos lapidadas o quemadas.

A este dios le causa gracia la gente que se burla de él porque sabe que están equivocados, no piensa todo el tiempo en castigarlos con enfermedades y muerte. Los ve con indulgencia y con paciencia, no pasa la eternidad lleno de rencor por ofensas vanas porque sabe que eso sería comportarse de manera  inmadura y salvaje.

Este nuevo dios convive con el hombre, no lo está esperando con premios o castigos en otra vida. Se comunica con el hombre de forma clara, no con enigmas, ni mediante elegidos ni nada similar.

No exige humillación, ni postración, ni miedo, ni arrepentirse casi de haber nacido.

No obliga a la gente a sostener equívocos, aún cuando estos son evidentes, mediante la violencia ni la amenaza. Tampoco se la pasa ocultando información.

No nos culpa por sus errores.

No castiga a nuestros hijos por errores nuestros.

No maldice generaciones futuras por errores nuestros.

No inunda el planeta porque teníamos sexo por placer ni tiene planeado quemarnos por ello.

En suma debemos crear un dios que cuando menos madure lo que cualquier ser humano adulto madura en 30 años de vida.

Progresa con su creación, sabe del cambio climático, sabe de distribución del ingreso, sabe de corrupción, de discriminación, de intolerancia, de pobreza y hambre, sabe de derechos laborales y en general de derechos humanos, sabe de democracia, sabe de acceso a la educación y servicios.

Este nuevo dios definitivamente busca nuestro bienestar y no satisfacer su ego a costa de muertos y gente viviendo en la miseria.

No se desquita con los animales ni causa inundaciones por nuestros errores.

No manipula corazones ni mentes.